martes, 9 de octubre de 2012

ALEGRÍAS Y TRISTEZAS DE UNA PRINCESA


        Para ti, Conchita, con cariño y deseándote muchas felicidades en el día de tu cumpleaños. Muchos besos.


Erase una vez una princesa que vivía en un castillo llamado El Hayedo,  tenia grandes jardines, piscina y un invernadero con muchas plantas, un bosque de hayas, pinos y robles; tenía tres perros y ellos eran su alegría, le gustaba cuidar de las  plantas y los animalitos la seguían correteando de acá para allá.
A pesar de pasar de la veintena no estaba casada ni comprometida, pero no por falta de pretendientes que de eso tenía bastante, pero aunque no era exigente para el tema económico si lo era para otras cosas como que supieran entenderla, que le gustaran los libros y los animales, que fuera fuerte de espíritu y sensible ante los problemas del mundo. Un día, nuestra princesa estaba regando las flores del jardín, y escuchó un leve golpe como si se hubiera caído una piña de un pino que había cerca de donde ella estaba, miro y no vio nada, pero una incertidumbre se apoderó de su corazón, pensó que si hubiera sido una piña el golpe hubiera sido más fuerte, siguió buscando y… ¡allí estaba! un gorrioncito  se había caído del nido; se agachó y lo tomó en sus manos, lo examinó y el pobre animal tenía un alita rota, la princesa dejó de regar y entro al castillo, le mojó el pico y reaccionó bien, le dio de comer miguitas de pan remojadas en agua y le gustó; desde aquel momento ella se ocupó de que no le faltara nada, no era partidaria de tener a los animales enjaulados y le preparó en su habitación un rinconcito en el que pudo moverse libremente. Desde entonces a la princesa se la oía cantar y el gorrión la acompañaba con sus gorjeos, ahora era feliz, tenía la sensación de haber hecho una buena obra.
Al cabo de unos días, pasó  un caballero cerca del castillo y la oyó cantar, se quedó prendado de su maravillosa voz y se acercó hasta la verja, a lo lejos pudo verla regando las flores y Pelón  en su hombro, (con ese nombre bautizó al gorrión, porque cuando cayó del nido era tan pequeñito que apenas tenía plumaje). El caballero estuvo un tiempo observándola, para después entonar la misma canción al mismo compás que ella, ésta al escuchar la voz bronca se volvió a mirar hacia la verja y allí estaba su príncipe, sin pensárselo dos veces caminó hacia él, cuando llegó a su lado, instintivamente se cogieron de las manos, él le dijo:
-El destino me ha traído hasta ti, y yo quiero llevarte conmigo. 
La princesa le dijo:
-Antes me tienes que decir varias cosas.
- Yo te diré todo lo que tú quieras.
-¿Eres persona que sepas comprender a los demás?
-Sí, en mi región muchas personas me confían sus cosas, buenas y malas, yo siempre me pongo en su lugar y no las juzgo.
-Eso está bien, eso se llama empatía. ¿Te gustan los libros?
-En mi casa tengo un habitáculo dedicado a los libros, allí es donde leo cada noche antes de irme a dormir.
-Me gusta que dispongas de una biblioteca, aunque sea pequeña. ¿Te gustan los animales?
-Me encantan, tengo varios caballos a los que cuido como el mejor de los tesoros, perros, gatos gallinas, gallos y un canario que canta cuando el gallo jefe despierta a todos los seres vivos del lugar con su kikirikí, entonces el canario se vuelve como loco, le quiero tanto que le he comprado la jaula más bonita que he visto.
-¿¡Lo tienes todo el día en una jaula!?
-Claro, si no fuera así se escaparía.
-¿A ti te gustaría que te dejaran en tu casa encerrado sin poder salir al exterior cuando te apeteciera?
-¡No!
-Pues al canario tampoco le gusta.
-¿Por eso llevas tu al gorrión en el hombro?
-Mi Gorrión se llama Pelón y el vuela todo el día libre.
-¿Y que has hecho para que no se escape?
-Darle la comida y el agua en el pico cuando no podía comer solo.
-¡Pero mi canario come solo!
-Le puedes sacar un poquito por casa con las ventanas cerradas hasta que se acostumbre y entienda que vive allí, pero que tiene libertad.

-Te prometo que así lo haré.

-Por todo lo que me has dicho veo que eres sensible, por ello supongo que te gusta la poesía.

-Si te casas conmigo, tendrás cada día una maravillosa poesía de amor.
-Entonces…puedes pasar.
La princesa abre la verja para que entre el visitante, se lo presenta a sus padres y a su hermana y fijan la fecha de la boda. Tiene que ser en un año, no puede ser antes porque tiene que ir de voluntario a África a ayudar a los necesitados. La princesa está feliz porque ha encontrado al hombre de sus sueños. Se despiden hasta dentro de un año.
-Volveré para llevarte conmigo para siempre.
- Yo te esperaré impaciente. ¡Cuídate mucho!
El caballero les da los buenos días y sale de la estancia, la princesa le acompaña hasta la salida, él la atrae hacia sí y le da un beso en los labios.
La princesa está feliz, inmensamente feliz, canta y baila y su gorrión se vuelve loco de alegría, revolotea por la alcoba y llena la casa con sus gorjeos.
Al día siguiente, la princesa sale a regar los rosales, pero…¡Que disgusto! Las rosas están llenas de pulgón, ¡que poco le ha durado  
la alegría! ¡Con lo que le gustan las rosas! Están infectadas de pulgón y si no pone rápidamente remedio se morirán.
Se sienta a pensar que puede hacer, en esto  ve a una mariquita que llega volando y se posa en su mano, la princesa la mira y le dice:
-¡Si supieras lo triste que estoy, mariquita linda!
El insecto parece entenderla, se pasea por su mano como dándole ánimos, ella le cuenta su pena y la lleva hasta el rosal, la mariquita se instala gustosa y empieza a devorar pulgón, pero ve que hay demasiado, emprende el vuelo sin decir nada y la princesa se vuelve a quedar triste, pero al rato ve volando un gran grupo de mariquitas que se posan en el rosal, la primera que llegó era la que había estado en su mano y a su mano volvió. Aunque no podía hablar la princesa comprendió que había ido a avisar a sus amigas para que la  ayudaran a  limpiar el rosal. La chica ya estaba más feliz, en poco rato el pulgón había desaparecido de sus rosas; como agradecimiento las invito a que se instalaran en su jardín, aceptaron encantadas, a ellas no les faltó que comer y las plantas estaban limpias de plagas. La princesa quiso quedarse con la primera que llegó, pero ésta le dijo que deseaba vivir en las mismas condiciones que sus compañeras, pero que la iría a visitar cada día. De esta manera la princesa estuvo contenta y volvió a cantar. Preparaba su boda con ilusión, contaba los días que faltaban para que regresara su amor de África, y todo era maravilloso hasta que un día, al despertar ve a su gorrión en su almohada, pensaba que estaba dormido, ¡pero no!, ¡no estaba dormido! ¡Estaba muerto! La princesa lloró y lloró desconsoladamente, no había nada que la consolara; pasó a verla su cachorrita que quería jugar, le mordía y tiraba del camisón para que se levantara de la cama, pero la princesa no tenía fuerzas, el perro grande ladraba y le lamía las manos y la cara, como solidarizándose con ella y sintiendo su dolor, la mariquita voló y posándose en la mano recorrió cada uno de los dedos provocándole un cosquilleo que la hizo reaccionar, una sonrisa apareció en sus labios y todos los amigos entonaron su peculiar canto. Al fin la princesa se levantó de la cama y cogiendo a Pelón con delicadeza lo envolvió en un pañuelo y salió al jardín para enterrarlo. Le acompañaron los perros y todas las mariquitas que formaron un corro alrededor de la fosa en la que permanecería para siempre su amigo Pelón. Todos participaron en cubrirla de tierra. Cada animalito depositó una florecilla. Después del funeral la princesa se retiró a sus aposentos, echaba de menos a Pelón, pero los perros y las mariquitas y otros pajarillos que llegaron para acompañarle en su último vuelo, se habían portado tan bien con ella que no quiso llorar más. Todos los animalitos se reunieron y decidieron ir a buscar a un canario que andaba perdido y solitario e invitarle a compartir techo con la princesa si ésta lo aceptaba.
El canario quiso ir con todos los amigos y cuando vio  la que sería su casa, le gustó tanto que entro sin pedir permiso, se puso a trinar  en el alfeizar de la ventana,  la princesa  salió a ver que pajarillo trinaba tan lindo, y cuando lo vio se enamoró de él,  al canario le gusta tener su bañera, su columpio y su pequeño bebedero y un rinconcito para hacer su nido y le pidió a la princesa una jaula pero con la puerta abierta para entrar y salir cuando quisiera. Al día siguiente la princesa encargó la jaula más cómoda que pudiera existir.  Lo bautizó con el nombre de su amigo Pelón. Ahora la princesa es feliz mientras espera la llegada de su amor.

¿Se nos olvidó decir el nombre de la princesa?


¡¡¡No!!! ¡¡¡Se llama Conchita!!!



Y colorin colorado este cuento se ha acabado.

Fin.

Mª Carmen Díaz Maestre
6/10/2012




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